Para aquellos que se autoproclaman "patriotas" americanos, que
despotrican contra la "invasión" de inmigrantes de México y otros
países, les ofrezco unos pocos datos que prueban que, o bien no
saben o bien eligen ignorar.
En los años 1700, Benjamin Franklin declaró su preocupación acerca de
cierta población "no blanca" que él veía extenderse sobre su querida
Pensilvania.
¡Los alemanes!
A él no le gustaban su rostros felinos, su rechazo a aprender inglés
(¿no le suena familiar?), su "modo germano", y escribió: "¿Por qué
debería Pensilvania, fundada por los ingleses, transformarse en una
colonia de extranjeros?".
Desde 1840 a 1920 los germano-americanos fueron sospechados por
su tipo de estructura social separatista, su oposición a la prohibición
(del alcohol) y su fidelidad a su lengua nativa sobre el inglés, y su
neutralidad en la Primera Guerra Mundial.
En la década de 1850, en los Estados Unidos ningún grupo era
considerado inferior a los irlandeses. Todas las ciudades más
importantes tenían su sector irlandés (“Irish town” o “shanty town”
despectivo en inglés por tabernas de marineros). Los avisos de empleo
finalizaban con un "No se requieren irlandeses".
El periódico Chicago Post escribió: "Los irlandeses llenan nuestras
prisiones, nuestras casas humildes. Toque a un convicto o a un pobre,
y las mayores probabilidades son que toque la piel de un irlandés
católico.
Ponerlos en un barco y mandarlos de vuelta pondría un punto final al
crimen en este país".
En 1854, los nativos formaron el Partido Americano (The American
Party), que era anti irlandés católico y lanzó una campaña por leyes
que requirieran más tiempo entre inmigración y naturalización
(obtención de ciudadanía).
Después de la Guerra Civil, la atención viró hacia los europeos del sur y
del este que llegaban en gran cantidad a nuestras costas. Italianos,
polacos, rusos, griegos, todos fueron proclamados una raza diferente
a la americana, incapaces (y desinteresados) de asimilarse, y
claramente a punto de invadir la América "real" con sus balbuceos y
sus hijos.
En 1882, la ley de Exclusón de los Chinos fue la primera de muchas
leyes nativas del Congreso para limitar el flujo de inmigrantes hacia los
Estados Unidos. Irónicamente, la exclusión de los chinos fue la causa
de la llegada de mexicanos en gran número, para trabajar en los
ferrocarriles del oeste.
En muchos casos, inmigrantes italianos permanecieron segragados,
eligiendo no integrarse. Ellos también generaron resentimiento en el
sur, sirviendo libremente a los afro-americanos en sus negocios e
interactuando con ellos.
Estos factores agravaron los estereotipos existentes de los italianos
del sur como "mendigos y criminales".
En marzo de 1891, nueve italianos que habían sido sobreseídos de un
crimen fueron muertos a tiros en la celda de una prisión y otros dos
fueron ahorcados por la multitud en New Orleans.
El periódico demócrata The New Orleans Time escribió en la ocasión:
"Esa pequeña prisión estaba repleta de sicilianos, cuyas pequeñas
frentes, rostros repulsivos y vestimenta desprolija proclamaba su
brutal naturaleza".
Este no fue un incidente aislado.
Entre 1885 y 1915, cerca de 50 italianos fueron ahorcados en
Louisiana, Mississipi, Florida, Colorado, Kentucky, Illinois, Washington
y New York, de acuerdo a un documental de Heather Hartley, una
profesora asistente de la Universidad Penn State.
En 1915, el Ku Klux Klan fue restablecido en varias partes de la nación
para asegurar que los protestantes fundamentalistas sobrevivieran al
influjo de católicos, judíos y otros inmigrantes indeseables, y defender
los valores familiares tradicionales.
La inmigración del sur y del este europeo fue autorizada hasta 1920.
Se argumentaba que "si no los dejamos venir, quién haría e trabajo
que los verdaderos americanos nunca harían, trabajar en los
mataderos de animales, enrollar cigarros, coser guantes en un ático
por centavos a la semana".
En los años 20 era un tema corriente el temor que los inmigrantes de
bajos conocimientos (principalmente de Italia y Polonia) inundaran el
mercado de trabajo. En 1921, el hachazó llegó.
Una serie de leyes restrictivas de inmigración restringían casi todos los
accesos a los Estados Unidos.
En 1922, los inmigrantes japoneses fueron impedidos por ley de
convertirse en ciudadanos.
Un artículo en el periódico St. Louis Star comentó: "La ley que
previene la naturalización de japoneses está destinada enteramente a
ellos porque es imposible asimilarlos racialmente y su presencia crean
dificultades económicas".
Muchos de los hoy en día autoproclamados "patriotas" ignoran
convenientemente estas palabras de su propia Constitución Americana:
"Sostenemos estas verdades por ser evidentes en sí mismas, que
todos los hombres son creados iguales, son dotados por su Creador
con ciertos derechos inalienables, entre los cuales están el derecho a la
vida, al la libertad y a la búsqueda de la felicidad".
Estas palabras no se limitan a los ciudadanos estadounidenses. Se
refieren a "todos" los hombres (y mujeres, por supuesto).
Estos "patriotas" también se consideran a ellos mismos temerosos de
Dios, pero convenientemente ignoran su mandato del Viejo
Testamento que dice: "Si hay entre ustedes un pobre, uno de sus
hermanos, en cualquier pueblo de la tierra que su Dios Eterno les ha
dado, no endurecerán su corazón ni cerrarán su mano contra su pobre
hermano, pero le abrirán la mano y le darán lo suficiente para su
necesidad, cualquiera que sea... Le darán abiertamente, y sus
corazones no guardarán rencor".


Kal Wagenheim, es periodista y autor de varios libros y obras de
teatro, es descendiente de inmigrantes del este europeo que vinieron
a los Estados Unidos a fines del siglo 19.
Kal  Wagenheim
Columnista invitado
Inmigración

¡Que rápido nos olvidamos!

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