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gran fantasma que ha aparecido en nuestro horizonte: el swine flu, fiebre porcina o gripe a virus A H1N1.
Pareciera que existe la necesidad de sembrar el pánico en forma periódica. Lo fue hace unos ocho años el
denominado SARS (sigla en inglés de Severe Acute Respiratory Syndrome: Síndrome Respiratorio Agudo
Severo). Un poco más reciente, la gripe aviar llegó para hacer empalidecer el temor que había provocado el
SARS.
Si el SARS no fue tan asesino, menos lo fue la gripe aviar, que provocó menos del diez por ciento de la
mortalidad del SARS, ambos por debajo de las muertes que cada año provoca la gripe “común”, esa que
llega siempre pero no se le pone nombre propio.
¿Qué hay detrás de toda esta pantomima? Porque no parece casual que los medios hagan temblar de
miedo a la población, llevando a los gobiernos y entidades controladoras de la salud a extremos linderos
con el ridículo.
¿De qué otra manera podría denominarse el colapso completo a que fue sometida la economía de México?
¿De qué otra manera podría denominarse el absurdo de impedir viajar a los ciudadanos mexicanos en vuelos
directos (como lo decidido por el gobierno argentino? ¿Cuál es la diferencia si viajan haciendo escalas en
otros países que dejaron abiertas sus fronteras? ¿Es que la gente en esos países no puede contagiarse con
el virus? ¿Es que los viajeros que salen de México se curan si hacen escala en otros aeropuertos? ¿Quién le
va a pagar al pueblo mexicano lo perdido? ¿Adónde fue a parar el sentido común?
La falta de sentido común, vale decirlo, no se limitó a gobiernos y medios de comunicación. La pérdida del
rumbo afectó además a organismos de contralor de renombre.
Tal el ejemplo de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Cuando los primeros escarceos se acallaban, y
ya todo el mundo se había convencido que la carne de cerdo no tenía nada que ver con el contagio, la OMS
emite una declaración aconsejando no consumir productos derivados del mismo, a contramano de las
propias recomendaciones de organismos nacionales de salud, por caso, en este país, el CDC (Center for
Disease Control: Centro para Control de Enfermedades).  Por si esto fuera poco, los medios informan que
“la directora general de la OMS, Margaret Chan, no descarta que el virus H1N1, responsable de la gripe A,
pueda volverse más peligroso si se combina con otros, como el de la gripe aviar”.
¿Cuál es la idea, sembrar el pánico a cualquier costo? Porque si vamos a temerle a la gripe aviar, las únicas
que terminaron asustadas fueron las aves, porque la humanidad, a pesar del los “expertos”, sobrevivió.
No queremos decir desde estas columnas que no deban tomarse precauciones. Al contrario, debe hacerse
todo lo humanamente posible, frente a una epidemia, para evitar el contagio. Pero lo humanamente
posible no significa caer en un absurdo que sea más perjudicial que beneficioso.
Simplemente deseamos advertir, humildemente, que no es la gente la más afectada cuando aparecen estas
gripes de nombre propio. Las más afectadas son, siempre para su propio bien, las compañías farmacéuticas.
Especialmente las que elaboran las vacunas antigripales.
Estemos atentos ante los negociantes del pánico.Y no caigamos en las garras, o los bolsillos, de los
visionarios que tratan de convencernos que el fin del mundo está cerca. Esa película ya la hemos visto.

 
     
Carlos Caprioli
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